¿Y si el invierno llegara y no me diera cuenta? ¿y si se hielan los mástiles de las torres más altas? Posiblemente pase y no sabré que hacer. Posiblemente tendré que huir a otras tierras donde el sol no deslumbre. Allá donde las hojas de los árboles sean felices en sus ramas y el viento no se atreva a susurrar su nombre.
Paris sería un buen sitio para perderse y desenmarañar los laberintos férreos de su atalaya. Árdua tarea, pero tenemos tiempo.



